Por nuestra soberanía...

Por nuestra soberanía...
...nunca dejemos en el olvido a nuestros excombatientes...a nuestras Islas

Para conocer a los verdaderos responsables...

Para conocer a los verdaderos responsables...
...por favor...nunca más...

TRABAJO PRÁCTICO MALVINAS: Material para tercer año

Les comparto el link para descargar la presentación en donde se aborda el concepto y la lógica del MAPEO COLECTIVO, punto importante del Trabajo N°3.
Para visualizarlo, haz click aquí.

martes, 16 de febrero de 2010

1820: La Felíz Experiencia - Introducción

Abordaremos las transformaciones que fueron resultado de las reformas que se dieron, en lo que se conoció en Buenos Aires como la “Feliz Experiencia”. Veremos que esta “experiencia” se dará en un escenario bastante desalentador. A las calamidades internas que se vivían en el interior de la región, se sumaba también el ataque del indio en los límites de la frontera y el de las montoneras del caudillo Ramírez, cuya entrada a Buenos Aires era siempre inminente. Para la elite porteña, la crisis del año 20 había cerrado una triste etapa. Sus aspectos negativos, como la lucha facciosa y la creciente participación de los sectores populares, vinculados al desorden y la barbarie, debían ser eliminados. Había que establecer y ordenar otro tipo de ámbito político, propicio para lo que prometía ser un gobierno administrador. Esa era la preocupación de los principales dirigentes del Partido del Orden. Y en su nombre ya vislumbramos desde donde pretendían llevar adelante sus acciones políticas.


Caído el Poder Centra, Buenos Aires no tiene ataduras ni obligaciones de compartir sus rentas. Así se dará en la provincia una base material que se dará por el ascenso de la clase terrateniente al plano político.
En el inicio, dedicaremos algunas palabras a dos cuestiones previas al abordaje concreto de las reformas: uno, el Tratado de Benegas y luego, quiénes serán los motores de esta “nueva administración y gobierno”.
En primer lugar, nos referiremos a acontecimiento de suma importancia que nos permitirá apreciar la necesidad del gobierno de Martín Rodríguez de pacificar no sólo la situación interna, sino también la relación con el Litoral. En esta situación de inestabilidad y crisis interprovincial, el 24 de noviembre de 1820 se firma el Tratado de Benegas que establecía la paz entre Buenos Aires y Santa Fe. Éste no estipulaba nada preciso sobre la forma de gobierno, pero sí fue un buen puntapié inicial que dio lugar a la modificación de las relaciones interprovinciales al convertirse santa Fe en aliada de Buenos Aires. Como consecuencia de esa alianza se puso fin a varios años de guerra civil, sucedidos por un período de paz y orden que permitió la consolidación de nuevas estructuras provinciales, como un claro ascenso de la clase terrateniente. En casi todas las provincias se crearon y organizaron nuevas instituciones y relaciones. Pero algo importante: todavía no empezaba la dinámica de reformas que caracterizan a la "Feliz experiencia"
De esta manera, podemos decir que el gobierno delineó un programa bastante ambicioso, desde tres pilares: paz, progreso y civilización. Pero, ¿quiénes participaban de este gobierno? Aquí el segundo punto que nos proponíamos: el Partido del Orden.
Esta facción, que contaba con el apoyo de los altos sectores, reconocía la importancia de los problemas administrativos así como la necesidad de orientar los gastos del Estado y evitar el déficit fiscal . Este grupo, “heterogéneo en su origen” , intentaría ordenar el “caos” producido y para ello reunirá a un grupo de la elite bonaerense empeñado en un plan de reformas que intentaban modernizar las estructuras de la provincia en varios aspectos. Poseía los recursos antes absorbidos por la guerra de independencia y por el reparto del principal ingreso fiscal a través de los derechos de aduana de Buenos Aires. Este partido ascenderá al poder de la mano del electo Martín Rodríguez, que será acompañado, como Ministro de Gobierno, por Bernardino Rivadavia, que se había convertido en el hombre “indispensable para hacer efectivas ideas que tienen todo el apoyo de la opinión pública” .
La obra que Rivadavia inicia en la provincia, bajo este régimen, tiene desde un principio un carácter netamente nacional. Como veremos, la reforma eclesiástica, militar, la reorganización administrativa, la reforma educacional y la económica, “están concebidas teniendo presente su aplicación en un futuro más o menos inmediato en el orden nacional” . “Afortunadamente vamos establecido un sistema de hacienda sabio y calculado, reglada la aduana por principios liberales y protectivos, garantidas las propiedades y restituida la confianza pública”, expresaba Juan Cristóbal Anchorena en una nota al Ministro de Hacienda, el 20 de mayo de 1822 .
Por otra parte, a partir de esta nueva organización, la Clase terrateniente va a estar muy ligada al Estado. Ligada al poder económico y social, más concretamente, en estos tiempos jugará un papel fundamental ya que tendrá intereses particulares que la determinarán como elite, o sea logrará una referencia casi total al poder político relacionada a los que mandan u organizan. Esto se da de tal manera, que en los momentos más complejos de estas épocas, los que más orden necesitaban y reclamaban, eran los miembros de esta clase que mencionamos. Dirá Romero que “la expansión ganadera sentaba, efectivamente, las bases de un verdadero proyecto provincial, mientras que la existencia de un sector social sólidamente arraigado y en plena expansión permitía, en definitiva, el afianzamiento de un Estado estable, encargado de aplicar todas aquellas medidas conducentes a la concreción del proyecto nacional” . Y de hecho así fue, como hemos dicho, este proyecto provincial que intentó sentar el Partido del Orden, no descansaba en la provincia de Buenos Aires solamente. Las aspiraciones de Rivadavia y su grupo intentaban lograr, repetimos, cambios con vistas a escala nacional. Incluso dentro de su influencia liberal que lo caracterizaba, pensaba que un gobierno republicano y representativo era la base de la civilización del país . Desde la lógica del liberalismo, creía que la propiedad y la seguridad encaminaban la libertad. Enarbolaba la bandera del progreso y su ética política así lo demostraba.
También aparecerá un actor de suma importancia a nuestro criterio. La Junta o Sala de Representantes jugó un papel fundamental como “segundo poder de la provincia”. Éste tenía atribuciones cada vez mayores, ya que elegía al gobernador, aprobaba presupuestos y tenía inferencia en todos los asuntos trascendentes de Estado. Así, frente a un país que se había empobrecido y anarquizado, Buenos Aires intentaba constituirse como una excepción desde la paz y el progreso. “La paz interior es de gran importancia para la felicidad de nuestra provincia”, ya decía Rivadavia en aquel entonces.
A continuación, pasaremos a abordar el tema concreto que nos convoca en este capítulo: las reformas que implementa el Ministro Rivadavia en la Provincias de Buenos Aires. Con la gobernación de Martín Rodríguez, que comenzó el 26 de septiembre de 1820, se dio inicio a un período, que como recordamos, se conoció como “la Feliz Experiencia”. En este proceso estaban involucrados personas e instituciones que proclamaban la primacía de los intereses locales. El periódico oficialista El Argos ya decía para entonces que este régimen volvía a dar “aliento al agonizante espíritu público” , y avivaba también “el interés de la provincia por el nuevo orden de las cosas” . Entre los principales objetivos de la obra de gobierno podemos mencionar: institucionalización de la provincia, obtención del reconocimiento de independencia por la comunidad Internacional y asegurarse su desarrollo económico por medio de inversiones de capitales extranjeros. No olvidemos que la clase alta que apoyaba este “orden”, tenía intereses y vínculos bastante estrechos con el extranjero, especialmente con Gran Bretaña. En resumidas cuentas, las reformas que se implementarán tendían a establecer un Estado moderno dentro de los límites de la provincia. Veamos qué proponían las reformas más significativas.
Continuará...

Bibliografía consultada en esta sección:

AAVV, Unitarios y Federales, Hyspamérica, Buenos Aires, 1987.

El Argos, Buenos Aires, abril de 1821 en Historia Visual de la Argentina, Capítulo 42 - “La Guerra contra el Brasil”, Clarín, Buenos Aires, 1998.

Historia Visual de la Argentina, Capítulo 42 - “La Guerra contra el Brasil”, Clarín, Buenos Aires, 1998.LOBATO, MIRTA, SURIANO, JUAN, “Nueva Historia Argentina”, Atlas Histórico, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1998.

TERNAVASIO, MARCELA, “Las Reformas rivadavianas en Buenos Aires y el Congreso General Constituyente (1820-1827)”, en GOLDMAN, NOEMÍ (Cdra.), “Nueva Historia Argentina”, Tomo III – Revolución, república, Confederación (1806-1852), Capítulo V, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1998.

sábado, 30 de enero de 2010

POR QUÉ LEER A LOS CLÁSICOS
-Italo Calvino-


Por qué leer los clásicos, Barcelona, Tusquets (Marginales, 122), 1993


Empecemos proponiendo algunas definiciones.

I. Los clásicos son esos libros de los cuales se suele oír decir: «Estoy releyendo...» y nunca «Estoy leyendo ...».
Es lo que ocurre por lo menos entre esas personas que se supone «de
vastas lecturas»; no vale para la juventud, edad en la que el encuentro
con el mundo, y con los clásicos como parte del mundo, vale
exactamente como primer encuentro.
El prefijo iterativo delante del verbo «leer» puede ser una pequeña
hipocresía de todos los que se avergüenzan de admitir que no han leído
un libro famoso. Para tranquilizarlos bastará señalar que por vastas
que puedan ser las lecturas «de formación» de un individuo, siempre
queda un número enorme de obras fundamentales que uno no ha leído.

Quien haya leído todo Heródoto y todo Tucídides que levante la mano.
¿Y Saint-Simon? ¿Y el cardenal de Retz? Pero los grandes ciclos
novelescos del siglo XIX son también más nombrados que leídos. En
Francia se empieza a leer a Balzac en la escuela, y por la cantidad de
ediciones en circulación se diría que se sigue leyendo después, pero en
Italia, si se hiciera un sondeo, me temo que Balzac ocuparía los últimos
lugares. Los apasionados de Dickens en Italia son una minoría
reducida de personas que cuando se encuentran empiezan en seguida a
recordar personajes y episodios como si se tratara de gentes conocidas.
Hace unos años Michel Butor, que enseñaba en Estados Unidos,
cansado de que le preguntaran por Emile Zola, a quien nunca había
leído, se decidió a leer todo el ciclo de los Rougon-Macquart. Descubrió
que era completamente diferente de lo que creía: una fabulosa
genealogía mitológica y cosmogónica que describió en un hermosísimo
ensayo.

Esto para decir que leer por primera vez un gran libro en la edad
madura es un placer extraordinario: diferente (pero no se puede decir
que sea mayor o menor) que el de haberlo leído en la juventud. La
juventud comunica a la lectura, como a cualquier otra experiencia, un
sabor particular y una particular importancia, mientras que en la
madurez se aprecian (deberían apreciarse) muchos detalles, niveles y
significados más.

Podemos intentar ahora esta otra definición:
II. Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos.
En realidad, las lecturas de juventud pueden ser poco provechosas por
impaciencia, distracción, inexperiencia en cuanto a las instrucciones de
uso, inexperiencia de la vida. Pueden ser (tal vez al mismo tiempo)
formativas en el sentido de que dan una forma a la experiencia futura,
proporcionando modelos, contenidos, términos de comparación,
esquemas de clasificación, escalas de valores, paradigmas de belleza:
cosas todas ellas que siguen actuando, aunque del libro leído en la
juventud poco o nada se recuerde. Al releerlo en la edad madura,
sucede que vuelven a encontrarse esas constantes que ahora forman
parte de nuestros mecanismos internos y cuyo origen habíamos
olvidado.

Hay en la obra una fuerza especial que consigue hacerse
olvidar como tal, pero que deja su simiente. La definición que podemos
dar será entonces:
III. Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual.
Por eso en la vida adulta debería haber un tiempo dedicado a repetir las
lecturas más importantes de la juventud. Si los libros siguen siendo los
mismos (aunque también ellos cambian a la luz de una perspectiva
histórica que se ha transformado), sin duda nosotros hemos cambiado
y el encuentro es un acontecimiento totalmente nuevo.

Por lo tanto, que se use el verbo «leer» o el verbo «releer» no tiene mucha
importancia. En realidad podríamos decir:
IV. Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la
primera.

V. Toda lectura de un clásico es en realidad una relectura.

La definición 4 puede considerarse corolario de ésta:
VI. Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir.

Mientras, que la definición 5 remite a una formulación más explicativa,
como:
VII. Los clásicos son esos libros que nos llegan trayendo impresa la huella de las lecturas que han precedido a la nuestra, y tras de sí la huella que han dejado en la cultura o en las culturas que han atravesado (o más sencillamente, en el lenguaje o en las costumbres).
Esto vale tanto para los clásicos antiguos como para los modernos. Si
leo la Odisea leo el texto de Homero, pero no puedo olvidar todo lo que
las aventuras de Ulises han llegado a significar a través de los siglos, y
no puedo dejar de preguntarme si esos significados estaban implícitos
en el texto o si son incrustaciones o deformaciones o dilataciones.
Leyendo a Kafka no puedo menos que comprobar o rechazar la
legitimidad del adjetivo «kafkiano» que escuchamos cada cuarto de hora
aplicado a tuertas o a derechas. Si leo Padres e hijos de Turguéniev o
Demonios de Dostoyevski, no puedo menos que pensar cómo esos
personajes han seguido reencarnándose hasta nuestros días.
La lectura de un clásico debe depararnos cierta sorpresa en relación
con la imagen que de él teníamos. Por eso nunca se recomendará
bastante la lectura directa de los textos originales evitando en lo posible
bibliografía crítica, comentarios, interpretaciones. La escuela y la
universidad deberían servir para hacernos entender que ningún libro
que hable de un libro dice más que el libro en cuestión; en cambio
hacen todo lo posible para que se crea lo contrario.

Por una inversión de valores muy difundida, la introducción, el aparato crítico, la bibliografía hacen las veces de una cortina de humo para esconder lo que el texto tiene que decir y que sólo puede decir si se lo deja hablar sin intermediarios que pretendan saber más que él. Podemos concluir que:
VIII. Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos
críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima.
El clásico no nos enseña necesariamente algo que no sabíamos; a veces
descubrimos en él algo que siempre habíamos sabido (o creído saber)
pero no sabíamos. que él había sido el primero en decirlo (o se relaciona
con él de una manera especial). Y ésta es también una sorpresa que da
mucha satisfacción, como la da siempre el descubrimiento de un
origen, de una relación, de una pertenencia.

De todo esto podríamos hacer derivar una definición del tipo siguiente:
IX. Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad.
Naturalmente, esto ocurre cuando un clásico funciona como tal, esto
es, cuando establece una relación personal con quien lo lee. Si no salta
la chispa, no hay nada que hacer: no se leen los clásicos por deber o
por respeto, sino sólo por amor. Salvo en la escuela: la escuela debe
hacerte conocer bien o mal cierto número de clásicos entre los cuales (o
con referencia a los cuales) podrás reconocer después «tus» clásicos. La
escuela está obligada a darte instrumentos para efectuar una elección;
pero las elecciones que cuentan son las que ocurren fuera o después de
cualquier escuela.
Sólo en las lecturas desinteresadas puede suceder que te tropieces con
el libro que llegará a ser tu libro. Conozco a un excelente historiador del
arte. Hombre de vastísimas lecturas, que entre todos los libros ha
concentrado su predilección más honda en Las aventuras de Pickwick,
y con cualquier pretexto cita frases del libro de Dickens, y cada hecho
de la vida lo asocia con episodios Pickwickianos. Poco a poco él mismo,
el universo, la verdadera filosofía han adoptado la forma de Las
aventuras de Pickwick en una identificación absoluta.

Llegamos por este camino a una idea de clásico muy alta y exigente:
X. Llámase clásico a un libro que se configura como equivalente del universo, a semejanza de los antiguos talismanes.
Con esta definición nos acercamos a la idea del libro total, como lo
soñaba Mallarmé.
Pero un clásico puede establecer una relación igualmente fuerte de
oposición, de antítesis. Todo lo que Jean-Jacques Rousseau piensa y
hace me interesa mucho, pero todo me inspira un deseo incoercible de
contradecirlo, de criticarlo, de discutir con él. Incide en ello una
antipatía personal en el plano temperamental, pero en ese sentido me
bastaría con no leerlo, y en cambio no puedo menos que considerarlo
entre mis autores.

Diré por tanto:
XI. Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para
definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él.
Creo que no necesito justificarme si empleo el término «clásico» sin
hacer distingos de antigüedad, de estilo, de autoridad.

Lo que para mí distingue al clásico es tal vez sólo un efecto de resonancia que vale tanto para una obra antigua como para una moderna pero ya ubicada en una continuidad cultural. Podríamos decir:
XII. Un clásico es un libro que está antes que otros clásicos; pero quien haya leído primero los otros y después lee aquél, reconoce en seguida su lugar en la genealogía.
Al llegar a este punto no puedo seguir aplazando el problema decisivo
que es el de cómo relacionar la lectura de los clásicos con todas las
otras lecturas que no son de clásicos. Problema que va unido a
preguntas como: «Por qué leer los clásicos en vez de concentrarse en
lecturas que nos hagan entender más a fondo nuestro tiempo?» y
«¿Dónde encontrar el tiempo y la disponibilidad de la mente para leer
los clásicos, excedidos como estamos por el alud de papel impreso de la
actualidad?».

Claro que se puede imaginar una persona afortunada que dedique
exclusivamente el «tiempo-lectura» de sus días a leer a Lucrecio,
Luciano, Montaigne, Erasmo, Quevedo, Marlowe, el Discurso del
método, el Wilhelm Meister, Coleridge, Ruskin, Proust y Valéry, con
alguna divagación en dirección a Murasaki o las sagas islandesas. Todo
esto sin tener hacer reseñas de la última reedición, ni publicaciones
para unas oposiciones, ni trabajos editoriales con contrato de
vencimiento inminente. Para mantener su dieta sin ninguna
contaminación, esa afortunada persona tendría que abstenerse de leer
los periódicos, no dejarse tentar jamás por la última novela o la última
encuesta sociológica. Habría que ver hasta qué punto sería justo y
provechoso semejante rigorismo. La actualidad puede ser trivial y
mortificante, pero sin embargo es siempre el punto donde hemos de
situarnos para mirar hacia adelante o hacia atrás. Para poder leer los
libros clásicos hay que establecer desde dónde se los lee. De lo
contrario tanto el libro como el lector se pierden en una nube
intemporal. Así pues, el máximo «rendimiento» de la lectura de los
clásicos lo obtiene quien sabe alternarla con una sabia dosificación de
la lectura de actualidad. Y esto no presupone necesariamente una
equilibrada calma interior: puede ser también el fruto de un
nerviosismo impaciente, de una irritada insatisfacción. Tal vez el ideal
sería oír la actualidad como el rumor que nos llega por la ventana y nos
indica los atascos del tráfico y las perturbaciones meteorológicas,
mientras seguimos el discurrir de los clásicos, que suena claro y
articulado en la habilitación.

Pero ya es mucho que para los más la presencia de los clásicos se advierta como un retumbo lejano, fuera de la habitación invadida tanto por la actualidad como por la televisión a todo volumen. Añadamos por lo tanto:
XIII. Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo.
XIV. Es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la
actualidad más incompatible se impone.

Queda el hecho de que leer los clásicos parece estar en contradicción con nuestro ritmo de vida, que no conoce los tiempos largos, la respiración del otium humanístico, y también en contradicción con el eclecticismo de nuestra cultura, que nunca sabría confeccionar un catálogo de los clásicos que convenga a nuestra situación.
Estas eran las condiciones que se presentaron plenamente para Leopardi, dada su vida en la casa paterna, el culto de la Antigüedad griega y latina y la formidable biblioteca que le había legado el padre Monaldo, con el anexo de toda la literatura italiana, más la francesa, con exclusión de las novelas y en general de las novedades editoriales, relegadas al margen, en el mejor de los casos, para confortación de su hermana («tu Stendhal», le escribía a Paolina).

Sus vivísimas curiosidades científicas e históricas, Giacomo las satisfacía también con textos que nunca eran demasiado up to date: las costumbres de los pájaros en Buffon, las momias de Frederick Ruysch en Fontenelle, el viaje de Colón en Robertson.
Hoy una educación clásica como la del joven Leopardi es impensable, y la biblioteca del conde Monaldo, sobre todo, ha estallado. Los viejos títulos han sido diezmados pero los novísimos se han multiplicado proliferando en todas las literaturas y culturas modernas. No queda más que inventarse cada uno una biblioteca ideal de sus clásicos; y yo diría que esa biblioteca debería comprender por partes iguales los libros que hemos leído y que han contado para nosotros y los libros que nos proponemos leer y presuponemos que van a contar para nosotros. Dejando una sección vacía para las sorpresas, los descubrimientos ocasionales.
Compruebo que Leopardi es el único nombre de la literatura italiana que he citado. Efecto de la explosión de la biblioteca. Ahora debería reescribir todo el artículo para que resultara bien claro que los clásicos sirven para entender quiénes somos y adónde hemos llegado, y por eso los italianos son indispensables justamente para confrontarlos con los extranjeros, y los extranjeros son indispensables justamente para confrontarlos con los italianos.
Después tendría que reescribirlo una vez más para que no se crea que los clásicos se han de leer porque («sirven» para algo. La única razón que se puede aducir es que leer los clásicos
Y si alguien objeta que no vale la pena tanto esfuerzo, citaré a Cioran (que no es un clásico, al menos de momento, sino un pensador contemporáneo que sólo ahora se empieza a traducir en Italia): «Mientras le preparaban la cicuta, Sócrates aprendía un aria para flauta. "¿De qué te va a servir?", le preguntaron. "Para saberla antes de morir"».

martes, 3 de noviembre de 2009

A no equivocarse...


"...Odio la p...Oligarquía...", "...Soy comunista como el Che...", "...Vivimos en un país en Democracia...", "...Nunca más a la Dictadura...", son frases o ideas que nos remiten a distintas posturas políticas que tuvieron lugar a lo largo de la Historia, y que todavía siguen teniendo su eco. ¿Pero sabemos realmente a qué nos referimos cuando las enunciamos? Creemos que no. Ahí les va una pequeña ayuda para saber un poco mejor, dónde estamos realmente parados...


Liberalismo: doctrinario económico, político y hasta filosófico que aboga como premisa principal por el desarrollo de la libertad personal individual y, a partir de ésta, por el progreso de la sociedad. Hoy en día se considera que el objetivo político del neoliberalismo es la democracia, pero en el pasado muchos liberales consideraban este sistema de gobierno como algo poco saludable por alentar la participación de las masas en la vida política.

Democracia: (del griego, demos, ‘pueblo’ y kratein, ‘gobernar’), sistema político por el que el pueblo de un Estado ejerce su soberanía mediante cualquier forma de gobierno que haya decidido establecer. En las democracias modernas, la autoridad suprema la ejercen en su mayor parte los representantes elegidos por sufragio popular en reconocimiento de la soberanía nacional.

Radicalismo: miembros de un movimiento que defiende el cambio extremo de instituciones sociales y políticas.

Socialismo: término que, desde principios del siglo XIX, designa aquellas teorías y acciones políticas que defienden un sistema económico y político basado en la socialización de los sistemas de producción y en el control estatal (parcial o completo) de los sectores económicos, lo que se oponía frontalmente a los principios del capitalismo. Aunque el objetivo final de los socialistas era establecer una sociedad comunista o sin clases, se han centrado cada vez más en reformas sociales realizadas en el seno del capitalismo. A medida que el movimiento evolucionó y creció, el concepto de socialismo fue adquiriendo diversos significados en función del lugar y la época donde arraigara.

Comunismo: ideología política cuya principal aspiración es la consecución de una sociedad en la que los principales recursos y medios de producción pertenezcan a la comunidad y no a los individuos. En teoría, estas sociedades permiten el reparto equitativo de todo el trabajo en función de la habilidad, y de todos los beneficios en función de las necesidades. Algunos de los conceptos de la sociedad comunista suponen que, en último término, no se necesita que haya un gobierno coercitivo y, por lo tanto, la sociedad comunista no tendría por qué tener legisladores. Sin embargo, hasta alcanzar este último estadio, el comunismo debe luchar, por medio de la revolución, para lograr la abolición de la propiedad privada; la responsabilidad de satisfacer las necesidades públicas recae, pues, en el Estado.

Capitalismo: sistema económico en el que los individuos privados y las empresas de negocios llevan a cabo la producción y el intercambio de bienes y servicios mediante complejas transacciones en las que intervienen los precios y los mercados.

Aristocracia: (del griego, aristos, 'mejor' y kratos, 'poder'), forma de gobierno en la que el poder soberano es conferido a un número reducido de ciudadanos que, teóricamente, son los más cualificados para gobernar, en oposición a la monarquía, en la que la autoridad suprema recae en una sola persona, y a la democracia, donde la máxima autoridad es ejercida por el conjunto de los ciudadanos o por sus representantes. En una aristocracia, aunque el poder se concentra en unos pocos, teóricamente, la administración del Gobierno procura el bienestar de la mayoría.

Anarquismo: doctrina política que se opone a cualquier clase de jerarquía, tanto si se ha consolidado por la tradición o el consenso como si se ha impuesto de forma coactiva. Los anarquistas creen que el mayor logro de la humanidad es la libertad del individuo para poder expresarse y actuar sin que se lo impida ninguna forma de poder, sea terrena o sobrenatural, por lo que es básico abatir todo tipo de gobierno, luchar contra toda religión o secta organizada, en cuanto que éstas representan el desprecio por la autonomía de los hombres y la esclavitud económica. Combatir al Estado como entidad que reprime la auténtica libertad económica y personal de todos los ciudadanos se convierte en una necesidad inmediata y la desaparición del Estado se considera un objetivo revolucionario a corto plazo. La doctrina anarquista impone para su acción una sola limitación: la prohibición de causar perjuicio a otros seres humanos, y de esta limitación nace otro presupuesto ideológico básico: si cualquier humano intenta hacer daño a otros, todos los individuos bienintencionados tienen derecho a organizarse contra él.

Teocracia: (del griego theokratia, ‘gobierno por un dios’), tipo de constitución o gobierno de un Estado que considera a Dios como único soberano y las leyes del reino como órdenes divinas.
Oligarquía, en ciencia política, forma de gobierno en que el poder supremo está en manos de unas pocas personas. Los escritores políticos de la antigua Grecia emplearon el término para designar la forma degenerada de aristocracia, (literalmente, gobierno de los mejores). En una oligarquía, el gobierno está controlado por una facción que actúa según su propio interés sin tener en cuenta el bienestar del pueblo.


Autoritarismo: (en ciencia política) sistema de Gobierno e ideología donde todas las actividades sociales, políticas, económicas, intelectuales, culturales y espirituales se hallan supeditadas a los fines de los dirigentes y de la ideología inspiradora del Estado. Varias características importantes distinguen el autoritarismo —que es una forma de autocracia propia del siglo XX—, de otras formas anteriores, como el despotismo, el absolutismo y la tiranía.
Despotismo, forma de gobierno donde el gobernante absoluto, no está sujeto a ninguna restricción ni a procedimiento legal o constitucional alguno. En su uso actual, la palabra tiene connotaciones de políticas crueles y opresivas, pero en el uso original griego significaba el señor de una casa, por lo tanto el amo de esclavos, y significaba, en resumen, el dueño de un poder ilimitado, como en el caso de un gobernador provincial.

Absolutismo: sistema político en el que se confiere todo el poder a un solo individuo o a un grupo. Hoy el término se asocia casi en exclusiva con el gobierno de un dictador. Se considera el polo opuesto al gobierno constitucional de sistemas democráticos. El absolutismo se diferencia de éstos en el poder ilimitado que reivindica el autócrata, en contraste con las limitaciones constitucionales impuestas a los jefes de Estado de los países democráticos.
Monarquía, forma del Estado en la que una persona tiene derecho a reinar como cabeza del mismo, en general por vía hereditaria, con carácter vitalicio. El poder del rey puede ser absoluto o estar muy limitado, como es usual en las monarquías actuales sometidas a regulación constitucional en la mayoría de los casos. El nombre con que gobiernan varía según las zonas y la estructura jurídica de su gobierno (reyes y reinas, emperadores y emperatrices, zares y káiseres).

Dictadura: sistema de gobierno cuya primera definición fue dada por el filósofo griego Aristóteles, que la calificó como una de las formas puras de gobierno, junto con la monarquía y la aristocracia, en oposición a la impura demagogia.
En la actualidad, la dictadura es una modalidad de gobierno que, invocando un pretendido interés público, identificado en la realidad con intereses de grupo, prescinde, para conseguirlo, de la voluntad de los gobernados. Es un poder ejercido por una persona o grupo al margen o por encima de las leyes, sin sometimiento a fiscalización ni control democrático alguno. La dictadura excluye u obvia, cuando no la elimina, una división de los poderes del Estado —legislativo, ejecutivo y judicial —, implicando la restricción o supresión de las libertades de expresión, reunión y asociación. Por regla general, viene impuesta mediante golpes de Estado militares respaldados a su vez por sectores civiles que profesan una ideología concreta, con aspiraciones hegemónicas y programas autoritarios, en particular en situaciones de crisis económicas o políticas.

jueves, 29 de octubre de 2009

Diccionario del Nuevo Orden Mundial

1. apartheid. Sistema original de Africa del Sur, destinado a evitar que los negros invadan su propio país. El Nuevo Orden lo aplica, democráticamente, contra todos los pobres del mundo, sea cual fuera su color.
2. bandera. Contiene tantas estrellas que ya no queda lugar para las barras, Japón y Alemania estudian diseños alternativos.
3. comercio, libertad de. Droga estupefaciente prohibida en los paises ricos, que los paises ricos venden a los piases pobres.
4. costos, calculo de. Se estima en 40 millones de dólares el costo mínimo de una campaña electoral para presidente de los Estados Unidos. En los piases del Sur, el costo de fabricación de un presidente resulta considerablemente mas reducido, debido a la ausencia de impuestos y al bajo precio de la mano de obra.


5. creación. Delito cada vez menos frecuente.
6. cultura universal. Televisión.
7. desarrollo. En las sierras de Guatemala: No se necesita matar a todos. Desde 1982, nosotros dimos desarrollo al 70% de la población, mientras matamos al 30% (General Héctor Alejandro Gramajo, ex ministro de Defensa de Guatemala, recientemente graduado en el curso de Relaciones Internacionales de la Universidad de Harvard. Publicado en Harvard International Review, edición de primavera de 1991).
8. deuda externa. Compromiso que cada latinoamericano contrae al nacer, por la módica suma de 2 000 dólares, para financiar el garrote con el que será golpeado.
9. dinero, libertad del. Dícese del rey Herodes suelto en una fiesta infantil.
10. gobierno. En el Sur, institución especializada en la difusión de la pobreza, que periódicamente se reúne con sus pares para festejar los resultados de sus actos. La ultima Conferencia Regional sobre la Pobreza, que congrego en Ecuador a los gobiernos de América Latina, revelo que se ha logrado condenar a la pobreza a un 62,3 por ciento de la población latinoamericana. La Conferencia celebro la eficacia del nuevo Método Integrado de Medición de la Pobreza (MIMP).
11. guerra. Castigo que se aplica a los piases del Sur cuando pretenden elevar los precios de sus productos de exportación. El mas reciente escarmiento fue exitosamente practicado contra Irak. Para corregir la cotización del petróleo fue necesario producir 150 mil daños colaterales, vulgarmente llamados víctimas humanas, a principios de 1991.
12. guerra fría. Ya era. Se necesitan nuevos enemigos. Interesados dirigirse al Pentágono, Washington DC, o a la comisaria de su barrio.
13. historia. El 12 de octubre de 1992 el Nuevo Orden Mundial cumplió 500 años.
14. ideologías, muerte de las. Expresión que comprueba la definitiva extinción de las ideas molestas y de las ideas en general.
15. impunidad. Recompensa que se otorga al terrorismo, cuando es de estado.
16. intercambio. Mecanismo que permite a los piases pobres pagar cuando compran y cuando venden también. Una computadora cuesta, hoy día, tres veces mas café y cuatro veces mas cacao que hace cinco años (Banco Mundial, cifras de 1991.)
17. life, american way of. Modo de vida típico de los Estados Unidos, donde se practica poco.
18. mercado. Lugar donde se fija el precio de la gente y otras mercancías.
19. mundo. Lugar peligroso «A pesar de la desaparición de la amenaza soviética, el mundo continua siendo un lugar peligroso.» (George Bush, mensaje anual al Congreso, 1991.)
20. mundo, mapa del. Un mar de dos orillas. Al Norte, pocos con mucho. Al Sur, muchos con poco. el este que ha logrado dejar de ser Este, quiere ser Norte, pero a la entrada del Paraíso un cartel dice: Completo.
21. naturaleza. Los arqueólogos han localizado ciertos vestigios.
22. orden. El mundo gasta seis veces mas fondos públicos en investigación militar que en investigación medica. (Organización Mundial de la Salud, datos de 1991.)
23. poder. Relación del Norte con el Sur. Dícese también de la actividad que en el Sur ejerce la gente del Sur que vive y gasta y piensa como si fuera del Norte.
24. riqueza. Según los ricos, no produce la felicidad. Según los pobres, produce algo bastante parecido. Pero los estadistas indican que los ricos son ricos porque son pocos, y la fuerzas armadas y la policía se ocupan de aclarar cualquier posible confusión al respecto.
25. veneno. Sustancia que actualmente predomina en el aire, el agua, la tierra y el alma.

Eduardo Galeano

Una prioridad en la agenda Política Argentina

Una prioridad en la agenda Política Argentina
El reclamo sobre las Malvinas no cesa

CUADRO DE REINADOS Y DINASTÍAS - Edad Moderna

Queridos alumnos: estoy subiendo al Blog el cuadro de Reinados y Dinastías que les va a permitir entender quién reinaba al mismo tiempo en los distintos estados durante la Edad Moderna.
Espero les sirva y lo aprovechen...

REVOLUCIÓN FRANCESA - Presentación

Queridos alumnos y alumnas: acá tienen a su disposición el archivo la Presentación de la Revolución Francesa que estaré usando en clases en estos últimos días.
Espero les sirva y lo puedan ver, para comprender mejor el proceso.
Éxitos!!!

Documental "Andresito": ¿Quién fue?